Evita alterar medicaciones prescritas sin aprobación profesional, combinar sustancias psicoactivas, practicar ayunos extremos o exponerte a frío o calor severos sin entrenamiento y supervisión adecuados. No pruebes suplementos de origen dudoso ni realices protocolos virales no validados. Ignora recomendaciones milagrosas. Si la práctica compromete funciones vitales, límites legales o el bienestar de terceros, queda descartada. La mejor prevención es reconocer que ciertas ideas, por interesantes que parezcan, no son seguras.
Define síntomas que activan una detención inmediata: mareos intensos, dolor torácico, dificultad respiratoria, desorientación, palpitaciones inusuales, o cambios de humor severos. Fija umbrales cuantitativos como caída marcada del sueño o rendimiento. Escribe el protocolo de interrupción, incluyendo reposo, hidratación, y consulta profesional cuando corresponda. Cumplirlo sin excusas protege tu salud y evita racionalizaciones peligrosas impulsadas por el deseo de terminar a toda costa.